Llevaba años esperando esta película. Leí «Proyecto Hail Mary» de Andy Weir nada más salir, en 2021, y la cerré con la misma sensación que pocas novelas consiguen: la de haber visto algo que no sabías que necesitabas hasta que ya estaba dentro de ti. La novela es extraordinaria. Y las adaptaciones de novelas extraordinarias tienen la costumbre de romperte el corazón.
Proyecto Salvación no me ha roto el corazón. Todo lo contrario.
La película dirigida por Phil Lord y Christopher Miller, con Ryan Gosling en el papel de Ryland Grace, se estrenó en España el 27 de marzo de 2026. La vi en un pase y salí del cine haciendo lo que no hago casi nunca: buscar el tráiler para volvérselo a mandar a alguien con un simple «tienes que verla». Si conoces el libro, ya sabes por qué. Y si no lo conoces, este artículo intenta explicarte qué hace especial a esta película.
Primero, el contexto: qué es esto
Ryland Grace se despierta solo en una nave espacial. No recuerda su nombre. No recuerda por qué está ahí. A su lado hay dos cadáveres. A través de flashbacks que van recuperando su memoria, el espectador descubre junto a él la situación: el sol se está apagando lentamente, devorado por unos microorganismos llamados astrófagos. La humanidad tiene años, no décadas. Y Grace es la última bala.
La película está escrita por Drew Goddard, el mismo guionista que adaptó El Marciano en 2015. Que el mismo hombre que entendió tan bien a Mark Watney haya vuelto para traducir a Ryland Grace no es casualidad: es la decisión más inteligente que podía tomar el estudio.
Lo que más me ha sorprendido: la fidelidad al libro
Las adaptaciones cinematográficas de novelas de ciencia ficción tienen un problema estructural: la ciencia aburre a los ejecutivos. Lo primero que desaparece en el guion son las explicaciones técnicas, los procesos de resolución de problemas, toda esa cadena de lógica que es precisamente lo que hace especiales a estas historias. En Marte (2015) se notó: buena película, pero la ciencia quedó en segundo plano frente al espectáculo.
Aquí no. Lord y Miller han entendido que la ciencia no es el obstáculo de la historia: es la historia. Ver a Grace calcular, equivocarse, recalcular, construir soluciones con lo que tiene a mano en una nave espacial a años luz de cualquier ayuda es tan adrenalínico como cualquier persecución de coches. El espectador aprende cosas mientras se muerde las uñas. Eso es lo que Weir hace en el papel, y es lo que la película consigue trasladar a la pantalla.
Ryan Gosling como no le habías visto
Gosling lleva años jugando con personajes que esconden algo debajo de la superficie tranquila: el conductor silencioso de Drive, Ken en Barbie, el piloto de Blade Runner 2049. Ryland Grace es diferente. Es un tipo que piensa en voz alta, que monologa con la nave, que celebra sus victorias como un niño y que llora sus fracasos sin pudor. Es el personaje más expresivo que Gosling ha interpretado en mucho tiempo, y se nota que lo ha disfrutado.
Hay una escena en particular, la primera vez que Grace entiende con quién está hablando, que sin exagerar es de lo mejor que he visto en una sala de cine en años. Solo Gosling, una reacción, y ningún diálogo. El cine como debería ser.
Y luego está Rocky
El personaje de Rocky, el alienígena que Grace encuentra en su travesía, era el mayor riesgo de la adaptación. En el libro funciona porque Weir construye pacientemente la lógica de su comunicación, su biología, su forma de ver el mundo. En película, con el ritmo que el medio exige, esa construcción podía colapsar.
No colapsa. James Ortiz pone la voz (con un trabajo técnico de sonido impresionante para reproducir la forma en que Rocky habla) y el equipo de efectos visuales ha creado un diseño de criatura que es a la vez extraño y completamente coherente con lo que el libro describe. Hacia la mitad de la película, te olvidas de que es CGI. Simplemente es Rocky. Y eso es todo lo que necesitabas.
Phil Lord y Chris Miller fuera de su zona de confort
Los directores de La LEGO Película y Spider-Man: Un nuevo universo son maestros del caos controlado, del humor que no interrumpe la emoción sino que la amplifica. Proyecto Salvación es la película más ambiciosa que han hecho, en escala y en tono, y en algunos momentos se nota la tensión entre su instinto lúdico y las exigencias de la historia.
Pero cuando funciona —y funciona durante la mayor parte de sus 141 minutos— la combinación es exactamente la que pedía el material: ciencia ficción que se toma en serio la ciencia pero que no olvida que el humor es un mecanismo de supervivencia, no una concesión al público.
Sandra Hüller, en su primer gran papel de Hollywood, compone una Eva Stratt que es pura autoridad fría con una capa de humanidad enterrada muy hondo. Una actuación contenida en un papel que en manos de otra actriz podría haber resultado plana. Aquí no.
¿Tan fiel es realmente al libro?
Hay cambios. Siempre los hay, y los que conocen el libro los detectarán. Algunos ritmos de los flashbacks se comprimen. Alguna explicación científica se simplifica para no perder al espectador de secundaria que va sin haber leído nada. Hay un par de decisiones narrativas en el tercer acto que el libro resuelve de forma diferente.
Pero el espíritu está intacto. La pregunta central de la novela —qué hacemos cuando la lógica y la ciencia son lo único que nos queda— está en cada fotograma. Y el final, que era el mayor campo de minas de la adaptación, está resuelto con una honestidad que no esperaba de una producción de este tamaño.
Weir estuvo presente en el estreno mundial en Londres el 9 de marzo. Que el autor esté sonriendo en las fotos de la premiere no prueba nada, pero tampoco es una mala señal.
Los números también hablan
Con 140,9 millones de dólares en su primer fin de semana mundial —80,5 en Estados Unidos, cifra que superó todas las previsiones— Proyecto Salvación es el mejor estreno de Hollywood en lo que llevamos de 2026. En Rotten Tomatoes supera el 90% de aprobación crítica. En IMDB los usuarios la puntúan con un 8,6. SensaCine le da 4,5 sobre 5.
Estos números importan porque confirman algo que a veces el cine comercial olvida: el público quiere ciencia ficción inteligente. No solo espectáculo. Quiere personajes que piensen, problemas que resolver, emociones que se ganen. Weir lo sabía cuando escribió el libro. Lord y Miller lo han entendido al adaptarlo.
Si la película te ha picado el gusanillo literario…
Antes de volver al libro de Weir —que deberías leer si no lo has hecho—, puedes explorar una historia que comparte el mismo ADN: un tipo normal atrapado en un entorno imposible, lógica de programador aplicada a la supervivencia, y humor negro como único escudo. Pero esta vez el espacio es el desierto del Namib y el protagonista eres tú buscando cobertura para tuitear.
PIZZA, TWITTER y 23 días en el INFIERNO →Conclusión: ve a verla al cine
Proyecto Salvación es de esas películas que necesitan la sala grande. No por los efectos visuales, aunque son excelentes. Sino porque la soledad de Grace en el espacio pesa más en la oscuridad, el silencio entre dos seres que no comparten idioma se siente más cuando el volumen te envuelve, y el final —ese final— merece que lo vivas sin el mando a distancia cerca.
Es rara la película que te hace salir del cine con ganas de estudiar física. Esta lo consigue. Y encima te hace llorar por un alienígena que parece una roca con patas. No está mal para 141 minutos de un jueves de marzo.
Una de las mejores películas de ciencia ficción de la última década. Sin trampa y sin cartón.