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El miedo a que te vean: un autor y su novela frente al micrófono

11 abril 2026 · José María Palazón Molina · 8 min lectura

Nadie te avisa de esto cuando decides publicar una novela. Te hablan del proceso de escritura, de la corrección, de las cubiertas, del ISBN, del depósito legal, de Amazon y sus márgenes ridículos. Pero nadie te sienta frente a un café y te dice lo que de verdad va a pasar: que el día que tu libro exista en el mundo, tú tendrás que salir a explicarlo. En voz alta. Delante de gente. Y que eso da un miedo que no tiene nada que ver con escribir.

Escribir es un acto íntimo y cobarde a la vez. Te encierras, inventas personas que no existen, las metes en líos que tú controlas, y si algo falla puedes borrarlo sin que nadie lo sepa. La promoción es exactamente lo contrario: eres tú, sin red, diciendo en tiempo real por qué merece la pena que alguien gaste su dinero y su tiempo en algo que salió de tu cabeza. La exposición pública de un autor es, básicamente, la antítesis de todo lo que le llevó a escribir en primer lugar.

El síndrome del impostor tiene dirección IP propia

El síndrome del impostor en los escritores no es una metáfora ni una queja de foro literario. Es una sensación física, concreta, que aparece en el momento más incómodo posible: justo cuando alguien te pide que hables de tu libro con naturalidad. ¿Quién eres tú para escribir una novela? Esta pregunta, que llevas meses callando mientras redactas, vuelve con una potencia renovada en el instante en que tienes un micrófono delante.

En mi caso, la pregunta venía cargada de datos objetivamente ridículos para justificar la inseguridad: veinte años de carrera, una primera novela publicada, lectores reales que habían pagado por leer Blackout Europa. Y aun así, cuando me confirmaron que iba a pasar por Onda Regional de Murcia para hablar de PIZZA, TWITTER y 23 días en el INFIERNO, la primera reacción no fue alegría. Fue algo parecido al pánico escénico, pero en versión doméstica y sin escenario.

Esto es lo que nadie te cuenta: que el síndrome del impostor no desaparece cuando publicas. Muta. Antes te decía que no eras capaz de terminar el libro. Después te dice que nadie va a querer leerlo. Y cuando alguien sí lo quiere leer, evoluciona a su forma más perversa y te susurra que en cuanto abras la boca todo el mundo se va a dar cuenta del fraude.

Veintidós minutos en directo con Lucía Hernández

La sección cultural de Tarde Abierta en Onda Regional de Murcia no es un espacio de alta tensión ni un debate de trincheras. Es exactamente lo contrario: un formato cercano, bien llevado, donde la conversación fluye con una naturalidad que, paradójicamente, hace más difícil prepararse para ella. No hay trampa posible en una charla que funciona de verdad. O te relajas y hablas como una persona, o se nota.

Me preparé como lo que soy: un técnico informático con vocación literaria y tendencia al análisis excesivo. Esquemas mentales, posibles preguntas, respuestas ensayadas que sonaban exactamente a lo que eran, respuestas ensayadas. Y luego, cuando Lucía arrancó la conversación, todo eso desapareció en unos treinta segundos porque las preguntas fueron distintas y porque, en el fondo, lo que funcionó no fue la preparación. Fue hablar de algo en lo que de verdad creo.

  En antena · Onda Regional de Murcia

El episodio completo de Tarde Abierta donde presento PIZZA, TWITTER y 23 días en el INFIERNO está disponible en el archivo de Onda Regional. Veintidós minutos hablando del Namib, del humor negro, de lo que significa autopublicar en España y de por qué un programador cuarentón es el protagonista perfecto de una novela de supervivencia.

Escuchar el episodio en ORM →

Lo que me quedé de esa experiencia no fue el resultado, que fue bueno, sino la lección que llegó después: hablar de tu novela en un medio de comunicación es el único ensayo real que existe para hablar de tu novela en un medio de comunicación. No hay simulacro posible. Tienes que pasar por ello para saber que puedes.

La radio es el medio más honesto para un escritor

La radio tiene algo que la televisión no tiene y que las entrevistas escritas tampoco tienen: el tiempo real sin edición posible. Lo que dices, queda. No hay retoque de posproducción, no hay vuelta de página. Eso genera un tipo de tensión específica, distinta de la que produce una entrevista en prensa, donde puedes releer y matizar antes de que salga.

Pero al mismo tiempo, la radio tiene una ventaja enorme: nadie te está mirando. El oyente construye su imagen del autor a partir de tu voz, de tu ritmo, de la seguridad o la duda que transmites sin quererlo. Y eso, para alguien que lleva años construyendo voces narrativas, es un territorio que, aunque te cueste reconocerlo en el momento, te resulta familiar. La voz es el instrumento del escritor incluso cuando no escribe.

Descubrí que hablar de PIZZA, TWITTER y 23 días en el INFIERNO en antena era más fácil de lo esperado precisamente porque la novela tiene una premisa que se explica sola: un programador sin ninguna habilidad útil acaba varado en el desierto del Namib por culpa de un reto viral en Twitter. El absurdo hace el trabajo. No tienes que convencer a nadie de que la historia es interesante; basta con contarla y la gente empieza a reírse antes de que termines la frase.

Lo que nadie te cuenta sobre las ferias y los actos públicos

La radio es un formato con estructura. Hay un presentador que lleva el hilo, hay un principio y un final, hay un contexto claro. Las ferias literarias y los actos de presentación son otra cosa. Son espacios donde el autor queda expuesto de una forma mucho más desnuda, porque no hay nadie que te haga las preguntas: tienes que hablar tú primero, sostener el silencio, capturar la atención de personas que estaban mirando otra cosa antes de que llegaras.

He aprendido, con más ensayos de los que me gustaría reconocer, que la diferencia entre un autor que funciona en un acto público y uno que no no es la extroversión. Es la capacidad de hablar del libro como si fuera la primera vez que lo cuentas, cada vez. El entusiasmo genuino no se finge durante mucho tiempo. Si crees en lo que has escrito, eso se transmite. Si estás pensando en lo incómodo que es estar ahí, eso también.

El escritor que ha pasado meses solo frente a una pantalla construyendo un mundo tiene que encontrar la manera de comprimirlo en dos minutos de conversación de pie entre dos expositores. Es una habilidad distinta a escribir, no opuesta, pero distinta. Y la única forma de aprenderla es exponerse.

El lector al otro lado: por qué vale la pena el vértigo

Hay un momento concreto que cambia la perspectiva de todo esto. No es cuando vendes el primer ejemplar ni cuando recibes la primera reseña positiva. Es cuando alguien que ha leído el libro te habla de él y usa detalles que tú pusiste ahí sabiendo que la mayoría de lectores los pasarían por alto. Cuando eso pasa, cuando descubres que el texto llegó a alguien de verdad y dejó algo, el miedo a la exposición pública se reescala. No desaparece; se vuelve secundario.

Salir a hablar de PIZZA, TWITTER y 23 días en el INFIERNO en Onda Regional, en redes sociales, en librerías, en cualquier feria donde me den un hueco, no es una obligación que acompaña a publicar. Es la forma de cerrar el circuito. El libro existe en papel y en digital, pero la historia existe de verdad cuando alguien más la hace suya. Y para que eso ocurra, el autor tiene que salir de donde se siente cómodo y hablar.

El miedo no se va. Aprendes a salir de casa con él.

PIZZA, TWITTER y 23 días en el INFIERNO — José María Palazón Molina

Un programador cuarentón acepta un reto viral en Twitter y acaba varado en el desierto del Namib. Sin cobertura, sin rescate y con un humor negro que es el único recurso que le queda. Segunda novela del autor murciano José María Palazón, disponible en papel y en digital.

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